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Claves del Taller del Sueño impartido por Margarita, asesora de sueño infantil en Cunana
Dormir parece un acto sencillo. Sin embargo, para muchas familias, la noche puede convertirse en un momento lleno de dudas, expectativas y cansancio. ¿Por qué mi bebé se despierta tantas veces? ¿Estoy haciendo algo mal? ¿Existe una forma de que duerma mejor?
Estas fueron algunas de las preguntas que guiaron el Taller del Sueño, celebrado en Hammam Al Ándalus y conducido por Margarita, asesora de sueño infantil de Cunana, quien invitó a las familias a mirar el descanso desde una perspectiva diferente: no como un problema que resolver, sino como un proceso biológico que merece ser comprendido y acompañado.
El sueño no es un examen que haya que aprobar
Vivimos en una sociedad que suele asociar el buen descanso con la ausencia de despertares y con noches completas desde edades muy tempranas. Sin embargo, la realidad de muchas familias es muy distinta.
Durante el taller, Margarita compartió una idea que atraviesa todo el acompañamiento al sueño infantil: cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo.
Igual que aprendemos a caminar, hablar o alimentarnos de forma progresiva, también el sueño evoluciona con la maduración del cerebro y del sistema nervioso. No existen fórmulas universales ni métodos que funcionen para todos los niños por igual, porque cada proceso de crecimiento es único.
Comprender esta realidad permite aliviar una carga que muchas madres y padres sienten: la de pensar que están haciendo algo mal cuando su hijo se despierta durante la noche.

Las expectativas también influyen en cómo vivimos el descanso
Uno de los aspectos que más resonó entre los asistentes fue la presión que muchas familias reciben desde el entorno.
«Déjalo llorar y se acostumbrará», «si duerme contigo nunca será independiente» o «quítale la siesta para que llegue más cansado» son frases que forman parte del imaginario colectivo y que, en muchas ocasiones, generan más culpa que tranquilidad.
El taller invitó a cuestionar estas creencias y a recordar que el descanso no debería medirse desde las expectativas sociales, sino desde las necesidades reales de cada niño.
Acompañar el sueño implica observar, comprender y responder con sensibilidad, respetando el momento evolutivo que atraviesa cada familia.
Los despertares nocturnos también forman parte del desarrollo
Uno de los aprendizajes más reveladores fue entender que despertarse por la noche es completamente normal.
También los adultos tenemos pequeños despertares entre ciclos de sueño, aunque la mayoría de las veces ni siquiera somos conscientes de ellos.
En la infancia, estos despertares son más frecuentes porque el cerebro continúa madurando y aprendiendo a enlazar esos ciclos. Además, durante los primeros años se producen importantes avances en el desarrollo —como el inicio del lenguaje, la adquisición de nuevas habilidades o la ansiedad por separación— que pueden influir temporalmente en la calidad del descanso.
Lejos de interpretarlos como un retroceso, Margarita propuso entenderlos como una señal de crecimiento.
Crear las condiciones para descansar
Si bien no podemos acelerar la maduración del sueño, sí podemos favorecer un entorno que ayude al organismo a prepararse para el descanso.
Durante el taller se habló de la importancia de mantener rutinas predecibles, reducir la estimulación antes de dormir, cuidar la iluminación y aprender a reconocer las primeras señales de sueño.
Esperar demasiado puede hacer que el cansancio se transforme en sobrecansancio, dificultando precisamente aquello que buscamos: que el niño pueda relajarse y conciliar el sueño con mayor facilidad.
En este proceso, la calma del adulto también desempeña un papel esencial. Los niños perciben el estado emocional de quienes los acompañan y encuentran en esa presencia tranquila una referencia de seguridad.

Comprender también es cuidar
Más allá de consejos concretos, el Taller del Sueño dejó una reflexión que conecta profundamente con la filosofía de Hammam Al Ándalus: el bienestar comienza cuando dejamos de luchar contra nuestro propio ritmo.
Del mismo modo que el agua invita al cuerpo a relajarse sin imponer nada, el descanso necesita espacios donde el sistema nervioso pueda sentirse seguro, acompañado y respetado.
Quizá no siempre podamos evitar una noche de despertares, pero sí podemos vivirla desde otro lugar: con más comprensión, menos culpa y la certeza de que crecer también significa atravesar procesos.
Agradecemos a Margarita, asesora de sueño infantil en Cunana, por compartir su experiencia y conocimiento con todas las familias que nos acompañaron en esta nueva cita dedicada al bienestar.
Porque cuidar también es comprender. Y descansar comienza mucho antes de cerrar los ojos.